Flores, Aserrín y Pino en el Arte Efímero de las Alfombras Procesionales de Guatemala

 

Cada año cientos de personas se reúnen en las calles para plasmar arte en el suelo con sus bellas alfombras para la época de la Cuaresma y Semana Santa. Dicha tradición tiene origen en el viejo como en el nuevo continente. Por su parte, los europeos desde la época medieval, siempre han tenido la costumbre de desarrollar procesiones para la festividad de Corpus Christi; mientras que en América, los antiguos indígenas solían rellenar el suelo que se encontraba en el camino de “los señores principales” con materiales obtenidos por la naturaleza para que éstos no tuvieran contacto directo con el suelo, haciendo de esta manera resguardar su divinidad.

En cuanto a su elaboración, las alfombras de corte tradicional generalmente incluyen creativos diseños en los que el uso de elementos materiales anteriormente descritos, desafía la creatividad de los maestros artesanos, quienes delimitan espacios esparciendo una base de arena blanca de un grosor variado sobre la cual combinan elementos producidos por la tierra, formando una sinfonía de diseños, olores y colores, que van dando cuerpo a la totalidad de la obra. Los principales elementos naturales que se utilizan son: el pino desmenuzado en hebras, flores como la estaticia, claveles, buganvilia, chilca, gravilea, matilisguate, corozo y jacaranda[1]. Variadas frutas, verduras crudas -algunas veces enteras o partidas en trozos- el coralillo, la palma, todas estas las cuales permiten para los ojos de sus contempladores una visión de arte popular efímero que espera la llegada de un nazareno, un sepultado o una Virgen dolorosa quienes recogen el tributo de las familias patrocinadoras de este tipo de tradiciones las cuales paulatinamente se van heredando de generación en generación.

Sin embargo, esta obtención de elementos que corresponden en buena medida a la boca costa del país, poseen una fuerte connotación en el devenir de la historia, los cuales se han posicionado hasta hoy por su riqueza y contenido cultural para este tipo de ceremonias y ritos propios de la Pasión de Jesucristo en la Semana Mayor. Las alfombras forman parte de ese contenido con carácter místico que involucra la preparación de esta  de acuerdo a la llegada de algún señor principal o un dignatario prominente de la sociedad, en este caso, su realización para los días santos radica en la presencia divina y salvadora del hijo de Dios materializada en alguna escultura de inspiración barroca, renacentista, neoclásica, etc, que recorre las calles de las principales ciudades de los pueblos de Guatemala; de tal manera que los cortejos y las alfombras se vuelven en un objeto de carácter unificado, es decir  no se concibe una procesión de Semana Santa sin la aplicación de alfombras sobre el asfalto para adornar el paso de Jesús o de la Virgen.

Pintura Procesión en Santo Tomás Chichicastenango, Quiché. Fuente Artelista.com

En ese sentido, es importante traer a colisión al historiador Haroldo Rodas, quien nos indica esta tradición de realizar alfombras las cuales son provenientes de las Islas Canarias en España y  de alguna manera  introducidas en Guatemala durante el Siglo XVI, con materiales como arena de colores o arenas teñidas, formando precisamente alfombras con proporciones apropiadas que seguían el patrón cultural hispánico.

No obstante, algunas manifestaciones ceremoniales que se habían derivado del posclásico maya fueron observadas por los españoles en su llegada por estas tierras hacia el Siglo XVI, llegando a distinguir prácticas religiosas con los señores principales utilizando como un camino decorativo el uso de las alfombras pero con la utilización de la flor del pino y otro tipo de recursos naturales de  ambiente tropical propios de los bosques noroestes del país, los cuales inmediatamente se consolidaron con el fundamento hispánico  traído por España en ese momento, llegando de tal manera a crearse el mestizaje semiótico entre indígenas y españoles sobre estos elementos para lograr el pleno desarrollo de alfombras de pino, flores y arena probablemente en los siglos posteriores como el XVII y el XVIII.

No podemos perder de vista algunos datos interesantes que también bajo aquel orden cultural se fueron enfrascando durante la vida colonial de Mesoamérica manifestando la proyección de este tipo de arte popular por medio del uso del tapiz, el cual es un elemento originario de los árabes y que constituye otra parte esencial para entender la vigencia que estas alfombras tuvieron durante la época de dominación hispánica, cuya  importancia se evidencia a partir de la aplicación de esta mostrándolo al exterior de los balcones de las casas más influyentes de aquel entonces. Esta práctica consistía en que cada familia que tuviera en sus manos el mejor tapiz elaborado por el artista más renombrado lo cubrían con flores y lo tendían o desplegaban al paso de una procesión solemne como forma de tributo hacia el santo que recorría las calles.[2]

Este caso podemos ejemplificarlo con algunas fuentes pictóricas encontradas en el Museo de Arte Colonial de Antigua Guatemala con el sorprendente formato de la Vida de San Francisco de Asís realizado por el pintor novohispano Cristóbal de Villalpando hacia el Siglo XVII, el cual muestra en uno de los episodios del seráfico padre franciscano su entrada triunfal en la Ciudad de Asís, Italia recibido con fiestas, pompa y sobre todo con el uso del tapiz que se tendía en los balcones de las casas de la ciudad al momento de hacer el paso de la procesión. También este acto podemos verlo en algunas otras colecciones de Nueva España con la Procesión de diferentes tipos de santos, y  en América del Sur específicamente en el Cusco, Perú con las imágenes coloniales de San Sebastián, San Cristóbal y la del Corpus Christi, siendo estos claros ejemplos en la introducción de estas prácticas religiosas cristianas durante el Siglo XVII y posiblemente en el Siglo XVIII con elementos árabes como el tapiz.

Esto se mantuvo plenamente identificado en las grandes parafernalias de la Semana Mayor, la festividad del Corpus y la Navidad guatemalteca hasta entrado el Siglo XX y XXI, momento en el cual las alfombras se fueron realizando con especial dedicación trazando en el asfalto de las calles rostros de los principales nazarenos y demás imaginería procesional, rellenándola con diferentes colores del aserrín para así poderle dar un matiz artístico de alta calidad en un determinado tiempo reducido mientras se aguardaba el paso del cortejo. Por otra parte, mientras eso sucede, otras personas decoraban el frente de sus hogares con colgaduras de flores, mantos brocados y huertos para recibir la procesión, lo cual pone de manifiesto las injerencias culturales que fueron producto de una primera actividad española y luego guatemalteca bajo un proceso intercultural que logró con éxito hasta estos días, hermosas alfombras de gran volumen con más elementos y más formas de comprender su contenido, el cual siempre ha persistido su significado en cuanto a la preservación de los valores y principios religiosos de cada grupo frente a la necesidad de velar para que estas características sigan funcionando aún después de haber transcurrido largas etapas de la historia nacional y por ende,  mostrando el sentido de pertenencia y el sincretismo religioso hacia turistas y extranjeros al momento de observar estas manifestaciones que se vinculan con nuestra mística Guatemala para estos días de gran meditación y espiritualidad que nos recuerdan el camino doloroso de Jesucristo rumbo al monte de las Calaveras acompañado del amor maternal de la Virgen María.

 

Angel Ricardo Román Contreras – Estudiante de Historia, Universidad de San Carlos de Guatemala / Redacción Noticias Estrella

 

Referencias

  •         Conferencia de Haroldo Rodas Estrada el Jueves Santo de  1990 resguardada por la página de Procesiones del Ayer.
  •         Lara Figueroa, Celso Lara. Artículo Alfombras tradicionales y populares de Semana Santa en Guatemala, consultado en La Hora Gt digital, edición del 2017

 [1] Lara Figueroa, Celso Lara. Alfombras tradicionales y populares de Semana Santa en Guatemala, consultado en La Hora Gt digital, edición del 2017.

[2] En esta cita se acudió a la Conferencia del Doctor en Historia del Arte Haroldo Rodas Estrada (Q.E.P.D) cuyo material se realizó en la Semana Santa de 1990, precisamente el Jueves Santo de ese año.