Santa María, Madre de Dios
Cada 1 de enero, mientras el mundo civil celebra el comienzo de un nuevo calendario, la Iglesia Católica celebra su fiesta mariana más antigua y significativa: la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Esta festividad no es solo un recordatorio de la maternidad de María, sino una afirmación fundamental sobre la identidad de Jesucristo.
El Origen del Dogma: El Concilio de Éfeso
La base teológica de esta fiesta se remonta al año 431 d.C., durante el Concilio de Éfeso. En aquel entonces, surgió una controversia impulsada por Nestorio, quien afirmaba que María era solo madre de la humanidad de Jesús (Christotokos).
La Iglesia, sin embargo, reafirmó que en Cristo no hay dos personas, sino una sola Persona Divina con dos naturalezas (humana y divina). Por lo tanto, si María es madre de Jesús, y Jesús es Dios, María es verdaderamente la Theotokos (Madre de Dios).
«Si alguno no confiesa que el Emmanuel es en verdad Dios, y que por tanto la Santísima Virgen es Madre de Dios… sea anatema.» — Cánones del Concilio de Éfeso.
Significado Espiritual y Litúrgico
Celebrar esta solemnidad el octavo día de la Navidad (la Octava) tiene un simbolismo profundo. Según la ley judía, a los ocho días los niños eran circuncidados y recibían su nombre; es el momento en que el Verbo Encarnado se inserta plenamente en la historia humana a través de María.
- María como Puerta de la Salvación
Al llamarla Madre de Dios, la Iglesia protege la divinidad de su Hijo. San Juan Pablo II explicaba que María no engendró la divinidad, pero sí engendró al Hijo de Dios según la carne, convirtiéndose en el «sagrario» de la Santísima Trinidad. - Jornada Mundial de la Paz
Desde 1968, por iniciativa del Papa Pablo VI, el 1 de enero también se celebra la Jornada Mundial de la Paz. Se encomienda a la intercesión de la Virgen el destino de las naciones, bajo la premisa de que quien dio a luz al «Príncipe de la Paz» es la mejor mediadora para alcanzarla.
¿Qué nos enseña esta fiesta hoy?
De acuerdo con el Catecismo de la Iglesia Católica y las homilías del Papa Francisco, esta fiesta nos invita a tres actitudes:
Confianza: Al igual que un niño confía en su madre, el cristiano inicia el año poniéndose bajo el manto de la Virgen.
Asombro: Contemplar el misterio de que el Creador del Universo se haya hecho pequeño en el vientre de una mujer.
Silencio: Imitar a María quien, según el Evangelio de ese día (Lucas 2, 19), «conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón».
| Aspecto | Detalle |
| Título Griego | Theotokos (La que da a luz a Dios) |
| Fecha de Dogma | 431 d.C. (Concilio de Éfeso) |
| Lectura Principal | Lucas 2, 16-21 |
| Color Litúrgico | Blanco (Símbolo de alegría y pureza) |
La maternidad divina de María es el fundamento de su relación con nosotros: al ser Madre de Dios, es también la Madre de la Iglesia y nuestra madre espiritual. Empezar el año con ella es asegurar que caminamos hacia Cristo.



