La Virgen de Lourdes y el Manantial de la Esperanza

El 11 de febrero de 1858, en la pequeña villa de Lourdes, a los pies de los Pirineos franceses, la historia de la fe católica dio un vuelco que aún hoy moviliza a millones. Bernadette Soubirous, una adolescente humilde y analfabeta, presenció lo que la Iglesia describe como una de las intervenciones marianas más significativas de la era moderna.

peregrinacion_lourdes-1024x576 La Virgen de Lourdes y el Manantial de la Esperanza

Las Dieciocho Apariciones

Todo comenzó en la Gruta de Massabielle. Mientras Bernadette buscaba leña, vio a una «joven y hermosa señora» vestida de blanco, con un cinturón azul y una rosa dorada en cada pie. Según las fuentes de la Santa Sede, las apariciones se sucedieron en dieciocho ocasiones entre febrero y julio de aquel año.

Los momentos clave que definieron el mensaje de Lourdes fueron:

  • La Penitencia: La Virgen pidió oración y penitencia por la conversión de los pecadores.
  • El Manantial: El 25 de febrero, la «Señora» pidió a Bernadette que excavara en el suelo de la gruta. De la tierra seca brotó un hilo de agua que pronto se convirtió en un manantial inagotable.
  • La Identidad: No fue hasta el 25 de marzo cuando la aparición reveló su nombre en el dialecto local: «Que soy era Immaculada Counceptiou» («Yo soy la Inmaculada Concepción»).

La Confirmación Dogmática

Para la Iglesia Católica, la revelación del nombre tuvo un peso teológico inmenso. Apenas cuatro años antes, en 1854, el Papa Pío IX había proclamado el Dogma de la Inmaculada Concepción. Que una joven sin educación religiosa mencionara este término técnico fue interpretado por el obispo de Tarbes como una confirmación divina de la doctrina.

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