Domingo Laetare

El Domingo Laetare es un respiro de alegría en medio de la sobriedad de la Cuaresma. Situado exactamente en el IV Domingo de Cuaresma, actúa como un puente de esperanza que nos recuerda que la Pascua está cada vez más cerca.

En el cuarto domingo de cuaresma el color litúrgico cambia el morado por el rosa. Se trata del Domingo Laetare, o Domingo de la Alegría. Es un modo a través del cual la Iglesia anima a sus fieles a culminar el período de penitencia cuaresmal pensando en la alegría de la resurrección de Cristo. Se llama Domingo de la Alegría porque así comienza el introito de la misa: “Alégrate Jerusalén”.

En Adviento también se suele hacer lo mismo aunque en el tercer domingo. Se le llama Domingo Gaudete. El motivo es el mismo: invitar a mirar hacia lo que está por venir, la salvación, y alegrarse por ello.

El término proviene de la primera palabra del Introito (el canto de entrada) de la misa de este día, tomado del libro de Isaías (66, 10-11):

«Laetare Jerusalem: et conventum facite omnes qui diligitis eam…»
(Alégrate, Jerusalén, y regocijaos con ella todos los que la amáis…)

Mientras que la Cuaresma es un tiempo de penitencia y ayuno, la Iglesia, como una madre sabia, introduce esta pausa para evitar que el fiel desfallezca y para reenfocar el corazón en el motivo de su sacrificio: la Resurrección del Señor.

Uno de los cambios más visibles en este día es el uso del color rosa en las vestiduras del sacerdote y en el velo del cáliz.

  • El paso del morado al rosa: El morado simboliza la penitencia rigurosa. Al mezclarse con el blanco de la alegría pascual, resulta el rosa. Es un matiz que suaviza la austeridad cuaresmal.
  • Flores y música: A diferencia del resto de la Cuaresma, en el Domingo Laetare se permite adornar el altar con flores y el uso del órgano de manera más festiva y sonora.
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