Visita del Prelado del Opus Dei a Guatemala
Con su llegada a Ciudad de Guatemala ha comenzado el viaje pastoral que realizará hasta el 22 de agosto por cuatro ciudades de América Central: Ciudad de Guatemala, San Pedro Sula y Tegucigalpa (Honduras) y San Salvador (El Salvador).
Miércoles 5 de agosto, encuentro con sacerdotes
En el Centro Universitario Balanyá, en Ciudad de Guatemala, el Prelado del Opus Dei mantuvo un encuentro con más de cien sacerdotes, entre ellos mons. Tulio Pérez, obispo auxiliar de la Archidiócesis de Santiago de Guatemala.
Don Fernando Ocáriz habló sobre cómo la vida cristiana nos lleva a afrontar las cosas con alegría, fruto de saber que no estamos solos nunca:«San Josemaría repetía constantemente las palabras de san Pablo: ‘Si Dios conmigo, ¿quién contra mí?’», explicó el Padre, insistiendo en que Cristo está en las galaxias, pero también «tan cerca como en nuestros corazones».
También ha recordado la importancia de estar siempre muy unidos al Papa y del trabajo ofrecido a Cristo. Ha recordado que «ningún trabajo es inútil» y que no hay que desanimarse cuando los frutos pastorales parecieran no llegar, o llegar tarde. «¡Vale la pena!», les animó.

Uno de los momentos que marcaron el encuentro fue cuando el P. Luis Felipe, de una parroquia ubicada en una zona de crecimiento de la capital con muchas familias jóvenes, contó que en algunas ocasiones, los niños pequeños, al verlo, le gritaban: «¡Amén!», provocando las risas en todo el auditorio. En la misma línea, el P. Elio, párroco del municipio de San Juan La Laguna en el departamento de Sololá, en el Occidente de Guatemala, relató su labor apostólica con cientos de niños indígenas e invitó al Padre a «conocer el lago más bonito del mundo, el lago de Atitlán».
El P. Edgar Iván, del departamento de Chimaltenango, pidió a mons. Ocáriz un consejo sobre la fidelidad y el acompañamiento a los seminaristas. «La fidelidad es consecuencia del amor; ahí está todo», ha recordado el Padre, anotando que Jesucristo quiere que «la unidad entre nosotros (sacerdotes) sea como la unidad de la Trinidad (…). Hemos de buscar esa unidad, esa fraternidad, a pesar de tener ideas distintas, caracteres diversos. Hemos de estar abiertos a todo el mundo, pero en primer lugar a quienes están aquí, más cerca de nosotros».
Con ocasión de la fiesta de Santa María de las Nieves, el Padre les animó a encomendarse a ella a través del rezo diario del Rosario. «Es nuestra Madre, es nuestro auxilio», explicó.
El P. Julio, de 86 años, le dio las gracias al Prelado por su visita. «Gracias por esta tradición maravillosa, que inició san Josemaría» y le pidió que les hablara del sacerdocio del fundador. «Del sacerdocio de san Josemaría se podrían decir muchísimas cosas: el cariño, el amor a la gente, pero sobre todo la centralidad de la Eucaristía».
Casi una hora después, el Padre finalizó haciendo énfasis en ser fieles, obedientes, dóciles y colaboradores. «Somos libres. Y por eso, si queréis ser fieles, entonces, seréis fieles, porque la gracia de Dios basta y la gracia de Dios nunca falta».
Este jueves, visitará la Universidad del Istmo y por la tarde tendrá un encuentro con jóvenes estudiantes y profesionales.



