Opus Dei
El Opus Dei fundada por el santo de lo ordinario: San Josemaría Escribá, nació en Barbastro (Huesca, España) el 9 de enero de 1902. San Josemaría descubrió su vocación después de ver las huellas de un religioso plasmadas en la nieve, decide comenzar sus estudios en Logroño y luego al seminario en Zaragoza. Estudia la carrera de Derecho, es ordenado sacerdote el 28 de marzo de 1925, un año después del fallecimiento de su padre.
Luego de trasladarse a Madrid en 1927 con el objetivo de estudiar un doctorado, el 2 de octubre de 1928 funda el Opus Dei que es dedicado a los pobres y enfermos. En 1930 comienzan las labores junto a las mujeres.
Desde su fundación, San Josemaría sufrió persecución en Madrid, junto a sus miembros durante la guerra civil huyen y expanden la obra de Dios.
El Opus Dei desplegó una intensa labor de formación cristiana y acompañamiento social orientada a públicos diversos. En sus inicios en Madrid, centró sus esfuerzos en el ámbito universitario a través de la Academia DYA y su residencia, promoviendo simultáneamente labores de catequesis y ayuda a personas enfermas y necesitadas en los barrios más vulnerables. Con el tiempo, este trabajo se extendió específicamente a las mujeres, integró más tarde a personas casadas y dio lugar a concurridas reuniones de formación espiritual y catequesis encabezadas por su fundador en España, Portugal y varios países de América Latina.
En el terreno educativo y de promoción social, la institución impulsó iniciativas de gran envergadura académica y técnica. Destaca la puesta en marcha del Estudio General de Navarra, embrión de la Universidad de Navarra, así como proyectos enfocados en la formación profesional y el desarrollo de jóvenes en zonas urbanas periféricas, ejemplificados en el Centro Elis de Roma, complementado con la labor pastoral en templos parroquiales locales.
La dedicación central de su vida fue la fundación y desarrollo del Opus Dei, labor que emprendió con todos sus recursos a partir del discernimiento de su vocación fundacional. Para impulsar la extensión de esta institución, trasladó su residencia a Roma, desde donde viajó con frecuencia por toda Europa. Posteriormente, encabezó prolongadas giras de catequesis multitudinaria por México, Guatemala, América del Sur, España y Portugal, congregando a amplios grupos de hombres y mujeres para difundir el mensaje de la llamada universal a la santidad en la vida cotidiana.

La dimensión histórica de esta iniciativa es inconmensurable ante la adversidad de las crisis políticas, ataques y persecución de la Iglesia en tiempos de guerra, hoy demuestra la capacidad de la Obra de Dios no tiene fronteras. Se encuentra presente en 68 países y camina junto a la santidad de lo ordinario a su primer centenario de fundación.

En el ámbito de la Iglesia universal, mantuvo una estrecha colaboración con la Santa Sede tras establecerse en Roma. Todo este dinamismo práctico requirió una consolidación jurídica y canónica gradual dentro de la estructura de la Iglesia. Esto incluyó la creación de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz para dotar a la institución de sacerdotes formados bajo su mismo espíritu y permitir la adscripción de clero diocesano, el paso por diversas etapas de reconocimiento pontificio hasta su constitución formal como prelatura personal, y una continuidad institucional garantizada por la sucesión ordenada de sus prelados a lo largo de las décadas.


