De perseguidor a Apóstol

La historia de Saulo de Tarso es el testimonio supremo de la misericordia divina. Como afirma el Catecismo de la Iglesia Católica, la conversión de Pablo es un signo de que nadie está fuera del alcance de la gracia de Dios.

Saulo no era simplemente un espectador de la persecución; era un actor ferviente. Educado a los pies de Gamaliel, era un fariseo celoso de la Ley. Según el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 8, 3), Saulo «asolaba la Iglesia y, entrando casa por casa, arrastraba a hombres y mujeres y los metía en la cárcel».

Para Saulo, el cristianismo era una secta herética que amenazaba la pureza del judaísmo. Su viaje a Damasco tenía un objetivo claro: encadenar a los seguidores del «Camino».

Cerca de Damasco, una luz del cielo lo envolvió súbitamente. La tradición católica destaca este momento no como una simple introspección, sino como una teofanía (manifestación de Dios).

  • La Voz de Cristo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?».
  • La Identificación Crística: Cuando Saulo pregunta quién es, la respuesta es clave para la teología paulina: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues». Aquí nace la doctrina del Cuerpo Místico de Cristo: perseguir a la Iglesia es perseguir al mismo Jesús.
  • La Ceguera Temporal: Saulo queda ciego y debe ser conducido de la mano. Esta ceguera física simbolizaba su ceguera espiritual previa y la necesidad de una «nueva vista» a través de la fe.

Dios utiliza instrumentos humanos para completar su obra. Ananías, a pesar de su temor inicial, impone las manos sobre Saulo por orden del Señor. Al caer las «escamas» de sus ojos, Saulo recupera la vista y es bautizado.

«Aquel que antes perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo intentaba destruir» (Gálatas 1, 23).

La Iglesia celebra la Fiesta de la Conversión de San Pablo el 25 de enero. Esta festividad es fundamental por tres razones:

  1. La Gracia es Gratuita: Pablo no «merecía» la conversión por sus obras; fue un regalo de la iniciativa de Dios. Como explicó el Papa Benedicto XVI, su conversión no fue el resultado de un proceso psicológico, sino de un encuentro real con el Resucitado.
  2. La Misión Universal: Saulo pasa de ser un defensor de los límites de la Ley judía a ser el «Apóstol de las Gentes», llevando el mensaje de que la salvación es para todos, judíos y gentiles.
  3. El Sufrimiento por Cristo: el Señor le advirtió: «Yo le mostraré cuánto tiene que sufrir por mi nombre». La conversión no le prometió una vida fácil, sino una vida con propósito bajo el signo de la Cruz.

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