El Capitán que desafió a un imperio por su Fe

San Sebastián es uno de los santos más venerados en la cristiandad, conocido no solo por su martirio, sino por su valentía al profesar la fe desde las altas esferas del poder romano. Su vida es un testimonio de fidelidad inquebrantable a Cristo frente a la persecución.

Orígenes y vida en la corte romana

Nacido en Narbona (Galia) pero educado en Milán, Sebastián ingresó al ejército romano hacia el año 283. Según las fuentes de la hagiografía católica, como las Actas de San Sebastián atribuidas a San Ambrosio, su intención al unirse a las filas militares no era la gloria bélica, sino la oportunidad de asistir a los cristianos que sufrían bajo la persecución del emperador Diocleciano.

Debido a su disciplina y nobleza, Sebastián ascendió rápidamente hasta convertirse en capitán de la primera cohorte de la Guardia Pretoriana, un puesto de máxima confianza cerca del emperador. Sin embargo, su verdadera misión era secreta: consolaba a los prisioneros, alentaba a los confesores de la fe y realizaba conversiones, como las de los hermanos Marcos y Marceliano.

El primer martirio

La doble vida de Sebastián fue finalmente descubierta. Diocleciano, sintiéndose traicionado por su oficial favorito, le ofreció la oportunidad de renunciar a Cristo para salvar su vida. Ante la negativa rotunda de Sebastián, el emperador ordenó un castigo ejemplar: ser llevado al campo de Marte, despojado de sus vestiduras y atravesado por saetas.

La iconografía cristiana suele presentarlo en este momento: atado a un árbol o columna, con el cuerpo herido por las flechas. No obstante, las fuentes católicas subrayan un detalle milagroso: Sebastián no murió en ese instante. Santa Irene, una viuda cristiana que acudió a recoger su cuerpo para darle sepultura, descubrió que aún respiraba y lo llevó a su casa, donde lo cuidó hasta su recuperación.

El segundo martirio y el triunfo final

Una vez recuperado, sus amigos le aconsejaron huir de Roma, pero Sebastián, movido por un celo apostólico, decidió presentarse nuevamente ante Diocleciano mientras este pasaba por el palacio. El santo denunció públicamente las injusticias cometidas contra los cristianos.

Sorprendido de verlo con vida, el emperador ordenó que fuera azotado hasta la muerte en el Circo Máximo. Esta vez, para evitar que los cristianos recuperaran su cuerpo, sus restos fueron arrojados a la Cloaca Máxima. Sin embargo, el santo se apareció en sueños a una matrona llamada Lucina, indicándole dónde hallar su cuerpo.

Fue enterrado en las catacombs de la Vía Appia, en el lugar donde hoy se erige la Basílica de San Sebastián Extramuros, una de las siete iglesias de peregrinación en Roma.

Patrono contra las pestes y protector de la Fe

Históricamente, la Iglesia Católica ha invocado a San Sebastián como protector contra las epidemias y pestes. Esta devoción nació en el año 680, cuando una gran plaga en Roma cesó tras la intercesión del santo. Se le asocia con la sanación porque, así como sobrevivió a las «heridas» de las flechas, se cree que puede proteger al cuerpo de las «heridas» de la enfermedad.

Hoy en día, San Sebastián sigue siendo un modelo para los laicos:

  • Valentía: por no ocultar su fe a pesar de las consecuencias.
  • Caridad: por su servicio a los más necesitados en las cárceles.
  • Resiliencia: por su disposición de dar la vida dos veces por la Verdad.

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