El Papa reza ante la Virgen de Lourdes
En el marco de la festividad de Nuestra Señora de Lourdes y la Jornada Mundial del Enfermo, el Papa León XIV dedicó una jornada especial de oración marcada por la cercanía con los que sufren. Tras la Audiencia General de este miércoles, el Pontífice se trasladó a la Gruta de Lourdes en los Jardines Vaticanos para un momento de recogimiento personal.
Un gesto de luz y esperanza
Durante la Audiencia en el Aula Pablo VI, el Santo Padre encendió una vela ante la imagen de la Virgen de Lourdes y rezó el Ave María junto a los fieles presentes. Al finalizar el encuentro, anunció su intención de dirigirse a la réplica de la gruta de Massabielle situada en el corazón del Vaticano: «Encenderé una vela, signo de mi oración por todos los enfermos, a quienes hoy recordamos con especial afecto», expresó.
Solidaridad con Colombia y Perú
El Papa no solo tuvo presentes a los enfermos, sino que lanzó un apremiante llamado a la solidaridad internacional tras las devastadoras inundaciones en Colombia, que han dejado decenas de fallecidos y miles de damnificados. Encomendó a las víctimas y a sus familias a la protección maternal de la Virgen, pidiendo ayuda concreta para paliar su sufrimiento.
Asimismo, el Pontífice se unió espiritualmente a las celebraciones en el Santuario de Nuestra Señora de la Paz en Chiclayo, Perú, lugar donde este año se concentra la conmemoración central de la Jornada del Enfermo, y hacia donde envió al cardenal Michael Czerny como su representante.
Llamado a la unidad en Europa
En sus saludos a los peregrinos, especialmente a los de lengua polaca, León XIV recordó la figura de los santos Cirilo y Metodio, patronos de Europa. El Papa instó a trabajar por una «nueva unidad» en el continente que permita superar las tensiones, divisiones y antagonismos actuales, siguiendo el legado de reconciliación de San Juan Pablo II.
Hacia la Cuaresma
Finalmente, el Santo Padre recordó que el próximo miércoles comenzará el tiempo de Cuaresma. Invitó a la comunidad eclesial a prepararse para este periodo de conversión mediante la oración, el ayuno y la limosna, buscando siempre que la Palabra de Dios sea la que «satisfaga nuestra sed de significado y verdad».


