“En Cuaresma, hagamos espacio al silencio y a la escucha”

Durante el rezo del Ángelus de este domingo 22 de febrero, el Papa ofreció una profunda reflexión sobre el inicio del tiempo de Cuaresma, invitando a los fieles a vivir este periodo no como un tiempo de tristeza, sino como un «itinerario luminoso» hacia la alegría de la Pascua.

Ante los miles de peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro, el Pontífice recordó que la penitencia cuaresmal no busca empobrecer nuestra humanidad, sino purificarla y fortalecerla. «Es un camino para que nuestra vida florezca con toda su belleza hasta alcanzar la plenitud del amor», señaló.

Desconectarse para reencontrarse

Uno de los puntos centrales de su mensaje fue la invitación a realizar gestos concretos de desprendimiento en la vida cotidiana. El Santo Padre exhortó a los católicos a moderar el uso de la tecnología para recuperar la capacidad de escucha:

“En este tiempo de gracia, hagamos espacio al silencio. Apaguemos un poco los televisores, la radio y los teléfonos inteligentes. Escuchémonos unos a otros en las familias, en el trabajo y en las comunidades”.

El Papa advirtió que las tentaciones modernas —como la búsqueda desenfrenada de riqueza, fama y poder— son solo «pobres sucedáneos» que terminan dejando al ser humano insatisfecho y vacío. Por el contrario, propuso que el ayuno y la limosna se traduzcan en tiempo dedicado a los demás.

Un llamado a la caridad concreta

«Dediquemos tiempo a los que están solos, especialmente a los ancianos, a los pobres y a los enfermos», pidió el Obispo de Roma. Subrayó que la verdadera fuente de felicidad se encuentra en compartir lo que tenemos con quienes carecen de lo necesario, permitiendo que el Espíritu Santo sane las heridas del pecado en el corazón.

Al finalizar su alocución, el Papa encomendó a los fieles a la Virgen María, pidiendo que ella nos acompañe en este camino de conversión para hacer de nuestra vida una «obra maestra irrepetible» de la mano de Dios.

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