En el museo de Letrán se encuentra parte de un epitafio que fue descubierto en Rignano, ciudad situada a unos ochenta y cuatro kilómetros de Roma, que, según la opinión del arqueólogo de Rossi, perteneció al sepulcro del mártir Abundio al que se refiere el Martirologio Romano en este día. “En Roma, sobre la Vía Flaminia, los santos mártires Abundio, el sacerdote, y Abundancio, el diácono, quienes, junto con un hombre distinguido llamado Marciano y su hijo, Juan, que había sido resucitado de entre los muertos por Abundio, sufrieron la muerte por la espada, según órdenes del emperador Diocleciano, en la décima piedra miliaria de la ciudad.” Las actas de estos mártires, sin valor histórico alguno, relatan que San Abundio y su diácono recibieron órdenes de adorar a Hércules, a lo que se negaron rotundamente. En seguida, se les arrojó en la cárcel Mamertina, de la que fueron sacados un mes después para torturarlos y condenarlos a muerte. En el camino al lugar de su ejecución se encontraron con el senador Marciano, quien marchaba anegado en llanto tras el féretro de su hijo Juan, que había muerto. San Abundio pidió permiso para ver el cadáver y, cuando estuvo junto al ataúd, se puso en oración y el joven Juan resucitó. Ante aquel milagro, Marciano y Juan confesaron a Cristo y, en consecuencia, fueron decapitados aquel mismo día y en el mismo lugar que Abundio y Abundancio. Los cuatro fueron sepultados en el cementerio de la matrona Teodora, cerca de Rignano, sobre la Vía Flaminia. Sus reliquias, junto con las de Santa Teodora (a la que el Martirologio Romano nombra el 17 de sept.) fueron trasladadas posteriormente a Roma. Los restos de los santos Abundio y Abundancio fueron sepultados definitivamente en la iglesia del Santo Nombre de Jesús, en 1583. Fue ante su santuario donde, dos años más tarde, San Luis Gonzaga asistió a la misa, antes de entrar a la Compañía de Jesús.

La biografía resumida y el relato sobre las traslaciones de las reliquias, se halla en el Acta Sanctorum sept. vol. V. Más interesante que estos datos es la inscripción que se conserva en el Museo Cristiano de Letrán; de Rossi acepta su autenticidad, pero Mons, Wilpert la rechaza. Ver a Delehaye, en Origines du culte des martyrs, p. 322.